Hoy: agosto 24, 2026
Multimedia.normal.8e10c44243882d67.bm9ybWFsLndlYnA=
por agosto 24, 2026
2 mins de lectura

IA y responsabilidad social: lo que nunca debemos delegar

Resumen

La inteligencia artificial (IA) es una herramienta poderosa que procesa mucha información, pero no puede reemplazar el juicio humano, el contacto real con las comunidades ni la responsabilidad ética.En el ámbito de la Responsabilidad Social Universitaria (RSU), los estudiantes deben aprender a usarla de forma responsable: puede ayudar a generar ideas, hipótesis o alternativas, pero nunca debe sustituir la observación directa, la escucha y el diálogo con las personas.La IA puede equivocarse o reproducir sesgos, igual que ocurre cuando alguien llega a una comunidad creyendo ya saber lo que necesita. Por eso, el diagnóstico social debe basarse siempre en evidencia real y en el contacto humano, no en respuestas generadas por una plataforma.Además, no se deben inventar datos ni compartir información sensible de las personas. El trabajo multidisciplinario enriquece las soluciones, pero estas deben construirse junto a la comunidad, no imponerse desde fuera.

Hace pocos días, la prensa chilena puso el foco en una tendencia que resulta especialmente interesante: algunas de las principales empresas dedicadas al desarrollo de Inteligencia Artificial (IA) están incorporando lingüistas, filósofos, psicólogos y especialistas provenientes de las ciencias sociales y las humanidades. La explicación parece clara. La tecnología puede procesar enormes cantidades de información, pero comprender contextos culturales, reconocer sesgos, anticipar consecuencias éticas y abordar la complejidad de las relaciones humanas requiere miradas provenientes de distintas disciplinas.

Esta realidad entrega una buena lección para la educación superior y, particularmente, para la Responsabilidad Social Universitaria (RSU). Nuestros estudiantes deberán desenvolverse en un mundo crecientemente digitalizado y probablemente utilizarán inteligencia artificial para investigar, ordenar información, formular proyectos o evaluar alternativas. El desafío no consiste en impedirlo, sino en enseñarles a utilizarla responsablemente.

La inteligencia artificial puede ayudar a identificar posibles causas de un problema, formular preguntas, comparar experiencias, proponer objetivos, actividades o indicadores. Pero no puede reemplazar el conocimiento directo de una comunidad. Una intervención social responsable exige observar, escuchar, conversar y comprender antes de proponer soluciones.

Ese punto es fundamental. Una herramienta de inteligencia artificial puede entregar una respuesta convincente y, sin embargo, equivocarse o reproducir sesgos presentes en sus datos. Pero algo similar puede ocurrir con nosotros mismos cuando llegamos a una comunidad creyendo conocer de antemano sus necesidades. El diagnóstico social debe surgir de la evidencia y del contacto con las personas, no de nuestras propias percepciones ni de una respuesta generada por una plataforma.

Por lo mismo, la inteligencia artificial puede ayudarnos a plantear hipótesis, pero nunca debería utilizarse para presentar como reales cifras, testimonios, entrevistas o necesidades que no hayan sido comprobadas. Tampoco corresponde ingresar indiscriminadamente nombres, antecedentes personales u otra información sensible de quienes participan en una intervención. La facilidad tecnológica no elimina nuestra responsabilidad sobre la privacidad y la dignidad de las personas.

Aquí adquiere especial valor el trabajo multidisciplinario. Ninguna carrera posee por sí sola todas las respuestas frente a un problema social. Estudiantes provenientes de distintas disciplinas pueden observar dimensiones diferentes de una misma realidad, cuestionar sus propios supuestos y construir soluciones más completas. Pero incluso el mejor equipo debe comprender que intervenir socialmente no significa llegar con una solución preparada, sino construirla junto con quienes forman parte de esa comunidad.

La inteligencia artificial puede procesar información y abrir nuevas alternativas, pero no puede escuchar por nosotros, comprender plenamente una historia local ni asumir responsabilidad por las consecuencias de una decisión. Esa responsabilidad continúa perteneciendo a las personas.

Por eso, el desafío educativo no es enseñar a trabajar sin inteligencia artificial, sino enseñar qué podemos pedirle, cómo debemos verificar sus respuestas y, especialmente, qué nunca debemos delegarle.

En tiempos de inteligencia artificial, formar buenos profesionales significa algo más que enseñarles a utilizar nuevas herramientas. Significa enseñarles a reconocer sus límites y comprender que, cuando nuestras decisiones afectan a personas y comunidades, la técnica puede ayudarnos, pero la responsabilidad, el juicio ético y el compromiso social siguen siendo humanos.

 

Por Christian Slater E.
Docente de Responsabilidad Social Universitaria, Universidad Bernardo O’Higgins (UBO)

Nuestras redes Sociales

Lo Mas Popular

Lo último de Blog

Ir aArriba

Don't Miss

Robot humanoide bate récord de Bolt en 100 metros

Robot humanoide supera la marca de Usain Bolt en los 100 metros en Beijing

Un robot humanoide chino completó este sábado los 100 metros
Multimedia.normal.b4ecc5165734b588.bm9ybWFsLndlYnA=

Ministra Ximena Lincolao ve a los profesores como personal de ventas y atención al cliente

La ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao,